Los niños con autismo de la Asociación Raiolas aprenden a montar a caballo, una práctica que favorece su desarrollo

LETICIA RODRÍGUEZ

Una tarde en compañía de animales como los caballos es una magnífica terapia para niños con problemas de autismo. Ésta es la actividad que la Asociación Raiolas de niños autistas de Lugo realizó para «axudar ao desenvolvemento dos rapaces», afirma Ana Castelao, su presidenta.

Llegaron sobre las seis de la tarde al Club de Hípica Equs y hasta las ocho pudieron disfrutar de un día diferente que «lles supón unha saída do seu entorno e lles aporta unha agradable tranquilidade», señala Ana.

«Los niños autistas son personas muy inteligentes pero con gran dificultad para comunicarse con otras personas por ello, generalmente se trabaja con ellos con gestos e imágenes que ellos recuerdan y asocian», explica Cornelio Carvajal, monitor del club.

Según la presidenta de la Asociación, el contacto con los caballos para los niños con autismo es muy beneficioso, se trata de animales muy nobles por lo que los niños además de montar a caballo, ayudados por un monitor del club, también pueden darles de comer y acariciarlos.

Cuando los niños montan a caballo, sus padres les animan, mientras a ellos les aporta beneficios en su capacidad de relación y un acercamiento con el que consiguen una cierta carga afectiva. María Luisa Fernández, madre de uno de los niños, comenta que «me doy cuenta de que es una experiencia muy beneficiosa para mi niño». Su hijo Ángel está muy contento con la experiencia y además tiene un caballo en casa, pero sin domar, con el que espera poder disfrutar igual que hoy.

Mariam, también lo pasa en grande, no quiere bajarse del caballo pero; en cambio, Ana está muy impresionada, aunque al principio no quiere montar, acaba disfrutando como el resto de los niños.»Ao principio impresiónanse máis pero a medida que pasa o tempo van moi tranquilos», explica la presidenta de la asociación.

«Es que los caballos son muy beneficiosos para el tratamiento de todo tipo de disminuidos psíquicos, concretamente los autistas despiertan su curiosidad y mejoran su calidad de vida, pues los movimientos y las oscilaciones del caballo activan su circulación y respiración, y suponen una influencia positiva para el niño que está sentado en el dorso del animal», explica Cornelio que hizo un curso para tratar con autistas a través de los caballos.

Comenta que se deben tomar medidas sobre el caballo, tiene que estar bien educado y presentar unas características físicas adecuadas para que el niño monte, como que no sea excesivamente fuerte. No conviene cambiar ni de caballo ni de monitor, pues los niños autistas tienen una gran memoria visual y una gran capacidad de asociación por lo que puede producirles una desorientación.

Pero para estos niños es la primera vez, aunque todos los padres coinciden al señalar que piensan repetir la experiencia.